sábado, 18 de enero de 2014

Regalar dinero es quizás es el mejor modo de acabar la pobreza

El siguiente texto es una traducción propia del texto publicado en el Washington Post de EE.UU., titulado "Free Money might be the best way to end poverty", escrito por Rutger Bregman. Disponible por acá. También se encuentra la versión original y más larga por acá (en inglés). Aunque respeto la opinión del autor y me resulta más que interesante el tema, personalmente no me adhiero a ciertas posiciones, sencillamente me parece un buen artículo digno de traducir y compartir, especialmente para generar debate.

En mayo de 2009, un pequeño experimento involucró a 13 personas sin hogar en la ciudad de Londres. Algunos de ellos habían estado en la calle durante más de 40 años. Sin embargo, la presencia de estos "veteranos de la calle" estaba lejos de ser barato: La policía, los servicios legales, el cuidado sanitario; todo ello cuesta miles de libras esterlinas a los contribuyentes cada año.

En esa primavera, una organización caritativa local decidió que estas personas sin hogar fueran beneficiarios de un experimento social. No más cupones de comida, comedores comunitarios, o refugios temporales. Estas 13 personas recibirían un drástico rescate financiero, financiado por los contribuyentes. Cada uno recibiría 3000 libras (alrededor de 4500 dólares) en efectivo, sin ningún tipo de compromiso. Los hombres eran libres de decidir en que gastárselo.

La única pregunta que debían responder era: ¿Qué crees que es lo mejor para ti?

"No tenía muchas expectativas", recalcó un trabajador del programa un año después. Sin embargo, los deseos de estas personas sin hogar fueron muy modestas. Un teléfono, una tarjeta de identificación, un diccionario; cada participante tenía algunas ideas de lo que era lo mejor para él. Ninguno de ellos gastó su dinero en alcohol, drogas o juegos de azar. Un año después, 11 de 13 de ellos ya tenían un techo sobre sus cabezas (Algunos fueron a moteles, otros a refugios). Se enlistaron en clases, aprendieron a cocinar, recibieron tratamiento para el abuso de drogas e hicieron planes para el futuro. Después de décadas de infructuosas presiones, persecuciones, multas, 11 vagabundos salieron de las calles.

¿El costo? Alrededor de 50.000 libras, incluyendo los salarios de los trabajadores del programa. Además de darle una oportunidad a 11 individuos, el proyecto ahorró dinero exponencialmente. Incluso los economistas concluyeron: "El modo más eficiente de gastar dinero en personas sin hogar quizás sea el dárselos a ellos".

¿Y si este programa piloto tuviera mayores implicaciones? Las sociedades tienden a presumir que los pobres son incapaces de manejar el dinero. Si tuvieran alguno -razonan ellos-, los pobres e indigentes se lo gastarían en comida rápida y cerveza barata, no en frutas o en educación. Este tipo de razonar alimenta los numerosos programas sociales, junglas administrativas, ejércitos de coordinadores de programas y legiones de supervisores que componen el Estado de Bienestar.

Nos gusta pensar que la gente tiene que trabajar por su dinero. En décadas recientes, el Estado de Bienestar ha conducido a un mercado laboral que no crea puestos de trabajo. La tendencia del "Estado de Bienestar" al "Estado del trabajador" es internacional, con obligatoriedad a solicitar empleo, trayectorias para la reintegración, participación "voluntaria" en trabajos obligatorios. El mensaje subyacente es: Regalar dinero hace que la gente sea floja. Pero no es así.

En años recientes, numerosos estudios de ayuda al desarrollo han encontrado impresionantes correlaciones entre el dinero gratis y la reducción del crimen, la desigualdad, malnutrición, mortalidad infantil, tasas de embarazo adolescente y absentismo escolar. También está correlacionado con mejores tasas de culminación de estudios, alto crecimiento económico y mejora en las condiciones de la mujer. "La gran razón por la que la gente pobre es pobre es porque no tienen suficiente dinero", escribió el economista Charles Kenny, un compañero en el Centro para el Desarrollo Global. "No debería sorprender que darle dinero a ellos es un buen modo de solucionar el problema".

En el 2010 se presentó el informe "Just Give Money to the Poor" (Sólo dale dinero a los pobres), donde investigadores de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) proporcionan numerosos ejemplos de dinero siendo repartido con muchos éxitos. En Namibia, la malnutrición, crimen y absentismo escolar disminuyó en 25%, 42% y cerca al 40%, respectivamente, después de que los aportes fueran dados. En Malawi, la escolaridad femenina en niñas y mujeres adultas creció al 40% en lugares donde el dinero fue otorgado con o sin condiciones de uso. Desde Brasil a India, de México a Sudáfrica, los programas de regalar dinero han florecido en la última década. Más de 110 millones de familias en al menos 45 países se han beneficiado de ellos.

Es tiempo de aplicar estas lecciones a las sociedades ricas pero cada vez más desiguales. En un mundo donde los salarios no suben todavía se necesitan más consumidores. El poder de compra de la clase media se han mantenido a través de préstamos, préstamos y más préstamos. La reflexión calvinista de que tienes que trabajar por tu dinero se ha convertido en una licencia para la desigualdad.

La leyenda dice que cuando Henry Ford II le dio un tour al líder sindical Walter Reuther en una nueva fábrica automatizada en los años sesenta, Ford bromeó: "Walter, ¿Cómo vas a hacer que estos robots paguen las cuotas al sindicato?". Se dice que Reuther respondió: "Henry, ¿Cómo vas a lograr que ellos compren tus autos?".

Nadie está sugiriendo que las sociedades del mundo deben implementar un sistema de renta básica universal de un sólo golpe. Todas las utopías deben empezar desde lo pequeño, con experimentos que lentamente revolucionen el mundo, como aquel realizado en Londres. Uno de los trabajadores del programa recalcó: "Es muy difícil cambiar de la noche a la mañana el modo en que siempre te has aproximado al problema. Estos programas pilotos nos dan la oportunidad de hablar diferente, pensar diferente, describir el problema de modo diferente".

Así es como todo progreso comienza.

Víctor M. Camacho
Internacionalista, especialista en Derechos Humanos y ciberactivismo
victormanuelcs@gmail.com