jueves, 24 de julio de 2014

Palestina, Israel y el Juego de la Gallina


Mientras se escriben estas palabras, la cifra de mortalidad del reciente conflicto árabe-israelí casi alcanza el millar. La intransigencia de ambas partes hace que un posible alto al fuego se vea muy lejano. Y esa falta de ganas de sentarse a negociar se enmarca muy bien dentro de la teoría de juegos, en especial del "juego de la gallina".



Los nostálgicos quizás recuerden este juego en la película "Rebelde sin Causa", donde dos jóvenes dirigen sus respectivos autos hacia el precipicio (En otras versiones son autos dirigiéndose hacia el contrario). Para demostrar su valentía, el perdedor o la gallina será el primero que salte del auto para salvarse. Cada jugador tiene como objetivo ganar, y por lo tanto confían en la racionalidad del otro, para que sea el otro quien salte primero. Así, aparentemente, gana el que esté más loco, el menos racional. Y de no rendirse ninguno, el escenario sería catastrófico para ambos: ambos ganadores pero ambos muertos. La enseñanza obvia de esta historia es que es mejor retirarse sin importar las consecuencias.

A nivel de los Estados sucede de modo similar. En este conflicto en la Franja de Gaza, ambas partes están jugando un papel autodestructivo, donde su intransigencia sólo empeora las cosas. Sin embargo, el principio subyacente de este juego es que representa un importante método de negociación. Se puede decir que es una estrategia en la que cada una de las partes retrasa hacer concesiones hasta que el final del período de negociación es inminente. La presión psicológica puede obligar a un negociador a ceder para evitar un resultado negativo. Puede tratarse de una táctica muy peligrosa, ya que si ninguna de las partes cede se producirá una colisión.

Para Hamas, que representa a la Franja de Gaza, aunque en términos materiales y humanos son los que tienen más que perder, también son los que tienen más que ganar al mantenerse rectos en su postura. De hecho, los líderes de Hamas declaran abiertamente no se hará cese al fuego para negociar, sino que quieren negociar para llegar al cese al fuego. Es decir, para llegar al cese al fuego Hamas desea concesiones por parte de Israel, entre las cuales están el levantamiento del bloqueo, la apertura de las fronteras y la liberación de prisioneros palestinos en Israel.

Por el lado de Israel, las pérdidas son más morales que materiales, recibiendo con esta ofensiva un enorme rechazo de la opinión pública y la comunidad internacional, entre las que destaca una resolución del Consejo de Derechos Humanos de la ONU que condena a Israel por el ataque. Sin embargo, para Israel retirarse sin cumplir sus objetivos (destruir armamentos, túneles subterráneos... y dar un escarmiento a Hamas) significa esencialmente dos cosas: 1) darle esperanzas a los palestinos de que pueden hacer resistencia a las fuerzas israelitas; y 2) abrir paso a ceder ante las posiciones de los palestinos.

También hay otros actores que ejercen presión sobre ambas partes. Occidente, representados por la Unión Europea y EE.UU., presionan a Israel para llegar al cese al fuego, ya que no está muy bien visto tener un aliado que masacra civiles. Del otro lado, la Liga Árabe, en especial Egipto, presionan a Hamas para aceptar un cese al fuego que evite que toda la Franja de Gaza arda en llamas. Sin embargo, la presión es todavía más fuerte para Israel que es quien está arrasando con hospitales, escuelas, mezquitas, niños, mujeres y todo lo que camine. De hecho, las ganancias para Israel son tan escasas que aceptaron rápidamente la propuesta egipcia de cese al fuego, pero que Hamas nunca acepto y los llevó a reanudar el ataque.

En mi opinión académica: ambas partes son extremistas y estúpidas. Israel, sin duda alguna, está cometiendo crímenes de guerra en Gaza, pero Hamas tampoco son ningunos santos, y además de estar jugando con la vida del pueblo palestino para conseguir concesiones, está disparando misiles a poblaciones civiles en Israel. Es bastante grotesco quien apoya a cualquiera de las partes en conflicto, y como dijo Albert Camus, yo no estoy del lado de quien hace la historia sino de quien la padece.

PD: Otro ejemplo del juego de la gallina en la película "Cry Baby" (1990)

Víctor M. Camacho
Internacionalista, especialista en Derechos Humanos y ciberactivismo
http://victorfueradelacaja.blogspot.com

sábado, 18 de enero de 2014

Regalar dinero es quizás es el mejor modo de acabar la pobreza

El siguiente texto es una traducción propia del texto publicado en el Washington Post de EE.UU., titulado "Free Money might be the best way to end poverty", escrito por Rutger Bregman. Disponible por acá. También se encuentra la versión original y más larga por acá (en inglés). Aunque respeto la opinión del autor y me resulta más que interesante el tema, personalmente no me adhiero a ciertas posiciones, sencillamente me parece un buen artículo digno de traducir y compartir, especialmente para generar debate.

En mayo de 2009, un pequeño experimento involucró a 13 personas sin hogar en la ciudad de Londres. Algunos de ellos habían estado en la calle durante más de 40 años. Sin embargo, la presencia de estos "veteranos de la calle" estaba lejos de ser barato: La policía, los servicios legales, el cuidado sanitario; todo ello cuesta miles de libras esterlinas a los contribuyentes cada año.

En esa primavera, una organización caritativa local decidió que estas personas sin hogar fueran beneficiarios de un experimento social. No más cupones de comida, comedores comunitarios, o refugios temporales. Estas 13 personas recibirían un drástico rescate financiero, financiado por los contribuyentes. Cada uno recibiría 3000 libras (alrededor de 4500 dólares) en efectivo, sin ningún tipo de compromiso. Los hombres eran libres de decidir en que gastárselo.

La única pregunta que debían responder era: ¿Qué crees que es lo mejor para ti?

"No tenía muchas expectativas", recalcó un trabajador del programa un año después. Sin embargo, los deseos de estas personas sin hogar fueron muy modestas. Un teléfono, una tarjeta de identificación, un diccionario; cada participante tenía algunas ideas de lo que era lo mejor para él. Ninguno de ellos gastó su dinero en alcohol, drogas o juegos de azar. Un año después, 11 de 13 de ellos ya tenían un techo sobre sus cabezas (Algunos fueron a moteles, otros a refugios). Se enlistaron en clases, aprendieron a cocinar, recibieron tratamiento para el abuso de drogas e hicieron planes para el futuro. Después de décadas de infructuosas presiones, persecuciones, multas, 11 vagabundos salieron de las calles.

¿El costo? Alrededor de 50.000 libras, incluyendo los salarios de los trabajadores del programa. Además de darle una oportunidad a 11 individuos, el proyecto ahorró dinero exponencialmente. Incluso los economistas concluyeron: "El modo más eficiente de gastar dinero en personas sin hogar quizás sea el dárselos a ellos".

¿Y si este programa piloto tuviera mayores implicaciones? Las sociedades tienden a presumir que los pobres son incapaces de manejar el dinero. Si tuvieran alguno -razonan ellos-, los pobres e indigentes se lo gastarían en comida rápida y cerveza barata, no en frutas o en educación. Este tipo de razonar alimenta los numerosos programas sociales, junglas administrativas, ejércitos de coordinadores de programas y legiones de supervisores que componen el Estado de Bienestar.

Nos gusta pensar que la gente tiene que trabajar por su dinero. En décadas recientes, el Estado de Bienestar ha conducido a un mercado laboral que no crea puestos de trabajo. La tendencia del "Estado de Bienestar" al "Estado del trabajador" es internacional, con obligatoriedad a solicitar empleo, trayectorias para la reintegración, participación "voluntaria" en trabajos obligatorios. El mensaje subyacente es: Regalar dinero hace que la gente sea floja. Pero no es así.

En años recientes, numerosos estudios de ayuda al desarrollo han encontrado impresionantes correlaciones entre el dinero gratis y la reducción del crimen, la desigualdad, malnutrición, mortalidad infantil, tasas de embarazo adolescente y absentismo escolar. También está correlacionado con mejores tasas de culminación de estudios, alto crecimiento económico y mejora en las condiciones de la mujer. "La gran razón por la que la gente pobre es pobre es porque no tienen suficiente dinero", escribió el economista Charles Kenny, un compañero en el Centro para el Desarrollo Global. "No debería sorprender que darle dinero a ellos es un buen modo de solucionar el problema".

En el 2010 se presentó el informe "Just Give Money to the Poor" (Sólo dale dinero a los pobres), donde investigadores de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) proporcionan numerosos ejemplos de dinero siendo repartido con muchos éxitos. En Namibia, la malnutrición, crimen y absentismo escolar disminuyó en 25%, 42% y cerca al 40%, respectivamente, después de que los aportes fueran dados. En Malawi, la escolaridad femenina en niñas y mujeres adultas creció al 40% en lugares donde el dinero fue otorgado con o sin condiciones de uso. Desde Brasil a India, de México a Sudáfrica, los programas de regalar dinero han florecido en la última década. Más de 110 millones de familias en al menos 45 países se han beneficiado de ellos.

Es tiempo de aplicar estas lecciones a las sociedades ricas pero cada vez más desiguales. En un mundo donde los salarios no suben todavía se necesitan más consumidores. El poder de compra de la clase media se han mantenido a través de préstamos, préstamos y más préstamos. La reflexión calvinista de que tienes que trabajar por tu dinero se ha convertido en una licencia para la desigualdad.

La leyenda dice que cuando Henry Ford II le dio un tour al líder sindical Walter Reuther en una nueva fábrica automatizada en los años sesenta, Ford bromeó: "Walter, ¿Cómo vas a hacer que estos robots paguen las cuotas al sindicato?". Se dice que Reuther respondió: "Henry, ¿Cómo vas a lograr que ellos compren tus autos?".

Nadie está sugiriendo que las sociedades del mundo deben implementar un sistema de renta básica universal de un sólo golpe. Todas las utopías deben empezar desde lo pequeño, con experimentos que lentamente revolucionen el mundo, como aquel realizado en Londres. Uno de los trabajadores del programa recalcó: "Es muy difícil cambiar de la noche a la mañana el modo en que siempre te has aproximado al problema. Estos programas pilotos nos dan la oportunidad de hablar diferente, pensar diferente, describir el problema de modo diferente".

Así es como todo progreso comienza.

Víctor M. Camacho
Internacionalista, especialista en Derechos Humanos y ciberactivismo
victormanuelcs@gmail.com