lunes, 12 de agosto de 2013

¿Influye el Internet en las relaciones internacionales?


El Internet ha permeado casi todos los aspectos de nuestra vida. Y no sólo afecta a los ciudadanos o las empresas, sino también a los mismos Estados, tanto en lo político, lo económico y lo militar. Por lo que la respuesta sería sí, pero de distintas formas.

Primero, veamos el lado político. Muchas veces se menosprecia la influencia que podemos tener los ciudadanos desde las plataformas digitales. Le llaman "slacktivismo" (también "clicktivismo") al activismo que se hace o promueve desde Internet, y que -supuestamente- significa el abandono de la protesta de calle. Sin embargo, si el Internet no fuese capaz de influir en la política, los gobiernos del mundo no harían tanto esfuerzo en regular, vigilar o incluso censurar la información que circula por ella.

El caso Snowden demuestra las intenciones de los gobiernos por controlar y vigilar la información que circula por Internet, no sólo de sus propios ciudadanos sino del resto del mundo. Aunque realmente no era algo demasiado sorprendente, las revelaciones de los programas de EE.UU., como Prism, Xkeyscore, espionaje a embajadas, intervención de teléfonos, generó una gran controversia en el mundo entero, con prácticamente una mayoría de personas, organizaciones y naciones que exigían explicaciones a EE.UU. por estos programas. Sin embargo, las exigencias de los demás gobiernos no fueron tan fuertes como debieron, de hecho, para ponerlo de un modo más vulgar: "mucho ruido, pocas nueces". Lo que nos puede hacer pensar que en muchos otros países se desarrollan programas de vigilancia similares. Más bien, países como Rusia y China, que son reconocidos por tener a los mejores hackers, no sería de extrañar que tuvieran programas de vigilancia incluso mejores que los de EE.UU.. Quizás, y echando a andar la maquinaria paranoica que corre en mi cabeza, todas las presiones que ejerce EE.UU. hacia Rusia por el ahora asilado Snowden, es más con la finalidad de que éste tenga su boca cerrada a cambio de que los EE.UU. mantenga la suya cerrada sobre programas similares en otros países. Lo cual es una explicación extra de porque las grandes potencias no quieren a esa papa caliente, y de porqué China no se aguantó ni un poquito las ganas de expulsarlo de Hong Kong.

Es una realidad, el Internet puede influir en la política interna en mayor o menor grado, lo que a su vez repercute en la política internacional. La llamada primavera árabe sencillamente no habría tenido el fuelle que tuvo sin la presencia de Internet. Ésta funcionó como un catalizador de las protestas, permitiendo la rápida difusión de la información y agilizando la organización de las protestas de calle. Lo mismo podríamos asegurar de las protestas en Europa, EE.UU, y más recientemente, en Turquía y Brasil. En cada caso en particular, las protestas catalizadas por el Internet tuvieron un efecto en la geopolítica mundial, pues, por ejemplo, hay algo raro que un día Reino Unido, Italia, Francia y España sean los vendedores de armas predilectos de Muammar Gadaffi, y al día siguiente sean los principales promotores de una intervención armada en Libia.

Por el lado económico, quizás sea el más fácil de ejemplarizar, dado que las cantidades de dinero que cruzan las fronteras gracias a Internet son enormes. Desde la aparición del Internet, se ha facilitado la movilización de capitales entre los países. Empresas tecnológicas, como Google, que han amasado grandes fortunas, se debe en gran parte a que su trabajo se concentra en el mundo etéreo del Internet. La información puede ser enviada de modo instantáneo y con un coste muy bajo a casi cualquier lugar del mundo. Las bolsas de valores suben y caen rápidamente debido a que el Internet y las telecomunicaciones en general han agilizado tanto el acontecer mundial, que una amenaza de Israel a Irán o viceversa puede repercutir en los precios del petróleo en apenas pocos minutos.

Pero la velocidad de la información no es lo único importante, la información en sí misma es un tesoro. Y aquí es cuando saltamos a la cuestión militar. Ya hay quienes afirman que la tercera mundial no será por fuentes de energía o escasez de agua, sino por los datos e información que se encuentra en Internet, y quien mejor maneje y proteja estos datos, será el vencedor. Y quizás la afirmación de que la información pueda generar la próxima tercera guerra mundial es algo exagerada, no podemos negar que el Internet tiene un peso en la estratégica militar. La posibilidad de sabotear redes de comunicación e infraestructuras, de bloquear transmisiones, o generar transmisiones falsas o campañas de desinformación, el robo de datos y secretos militares, es una realidad contemporánea. Incluso, desde Internet hay quienes pueden intervenir en el funcionamiento de la ciudad, afectando semáforos, redes de electricidad e iluminación, fuentes de energía, incluso aeronaves. Todo lo que esté conectado a la red es susceptible de ser intervenido, no sólo con fines de lucro o lúdicos como los podría tener un hacker común, sino con fines militares y hasta de terrorismo. Los ataques informáticos son casi invisibles, muy difíciles de determinar de donde provienen (aunque no imposible), y no generan grandes costos ni bajas en las tropas de soldados. De ahí que las grandes potencias se estén armando con grupos de hackers. Un ejemplo de esta estrategia es la infección con el virus Stuxnet a una de las plantas nucleares iraníes en el 2010, el cual se cree que proviene de las fuerzas armadas de Israel.

El Internet también, como parte del efecto de la globalización, ha cambiado nuestra forma de relacionarnos, así como nuestra cultura. Por lo que también nos afecta nivel social, cultural y personal. Sin duda, el papel del Internet influye en mayor o en menor grado en las relaciones internacionales, aunque evidentemente, no es por sí solo él único elemento que influye. No necesariamente todo lo que se activa desde Internet puede generar un cambio en el sistema internacional. Muchas campañas se han generado en Internet en contra o favor de gobiernos, y prácticamente una minoría tienen un verdadero éxito como la tuvo la Primavera Árabe. Al final, ni en lo político, ni en lo económico, ni militar, ni social, tendría una verdadera influencia sin la participación activa de los actores en el mundo físico. El Internet es una herramienta, no un fin en sí mismo.


Víctor M. Camacho
Internacionalista, especialista en Derechos Humanos y tecnologías 2.0