domingo, 29 de enero de 2012

¿Guerra digital o Revolución digital?


El 2012 empezó con mal pie, y las amenazas a la libertad de expresión -alrededor del globo-, están a la orden del día. La posibilidad de que se ratificaran las leyes SOPA, PIPA y ACTA(acuerdo internacional), en contra de la piratería, han generado un movimiento espontáneo en su contra, y a un tipo de protesta nueva en su clase.

Aunque no se han abandonado las calles ni los carteles, la Internet y las redes sociales no sólo han proporcionado un espacio donde dirigir y organizar protestas, sino un lugar propio para la manifestación. Estas protestas virtuales son relativamente nuevas, y suelen tener un fin socio-político, o incluso económico. El "Marzo Negro" es una de estas protestas, que tiene el fin de desalentar a la industria del entretenimiento en sus intentos de controlar la web en pos de una de las tantas absurdas entelequias que existen en el mundo: los derechos de autor.

A partir de estos recientes sucesos, se habla "por primera vez" de una "guerra digital", e incluso en las redes sociales lo llamaron World War Web (con referencias a las guerras mundiales y a la World Wide Web). Y yo sólo espero no ser el único geek que se empezó a imaginar las películas de futuros distópicos y tecnológicos como Terminator y su Skynet.

Sin embargo, no creo que el término "guerra" sea el más apropiado para definir estos movimientos y acontecimientos. Quizás es porque soy internacionalista, pero estoy empeñado en enfatizar que la guerra, de acuerdo al derecho internacional, se define como un conflicto armado entre Estados, es decir, un conflicto entre ciudadanos y su Estado, no es una guerra, sino una protesta, revuelta, o revolución. Las guerras virtuales, técnicamente, existen desde hace un tiempo, y es normal escuchar noticias de chinos hackeando páginas webs estadounidenses o viceversa. Los ataques informáticos y obtención de inteligencia son una estrategia de nuestros Estados modernos. Pero repito, esto ya no es un Estado contra otro Estado, sino un Estado contra su población.

La web de almacenamiento de archivos, Megaupload, fue cerrada recientemente con la excusa de violación de derechos de autor y, de igual modo, se detuvo a sus directivos. La respuesta no se hizo esperar, y una inmensidad de usuarios protestó contra su cierre, y el grupo Anonymous dejó inaccesibles por unas horas algunas páginas del gobierno de EE.UU. y de algunas empresas. Lo interesante del asunto es que, a pesar de que al momento no estaban aprobadas las leyes SOPA o PIPA, esta web fue cerrada de todos modos. Eso quiere decir que la ley es innecesaria para llevar a cabo el propósito de "defender los derechos de autor", con lo que se tiene en la actualidad es suficiente para lograrlo, por lo que podemos deducir que su verdadero trasfondo es el de controlar y regular toda la información que circula por la web.

Entre todo esto, se suma la reciente declaración de Twitter de permitir la censura de los tuits de acuerdo a las leyes de cada país. Ellos -y muchos otros- explican que esto presenta la ventaja de que los tuits ya no serán eliminados globalmente, sino sólo localmente. Esto, en lo personal, me impresionó porque no sabía que Twitter ya realizaba la censura, y con ello lo admiten, y el hecho de que sea localmente no lo hace precisamente mejor. Ellos colocan como excusa que países como Francia y Alemania censuran los comentarios pro-nazi (y aunque no apoyo a los nazis, tampoco apoyo su censura), pero la verdad es que la intención de la compañía del pajarito azul tiene la intención de acceder al mercado chino, un enorme y jugoso mercado al que pocas compañías tecnológicas y de telecomunicaciones tienen acceso. Esto trae a colación una contradicción entre los intereses de la empresa y sus usuarios, en especial cuando Twitter fue uno de los catalizadores de la Primavera Árabe. El riesgo que esta medida puede traer es un efecto dominó donde cada vez más países vean el beneficio de tener leyes restrictivas en las redes sociales.

Como lo veo, la protesta digital tiene algunas ventajas. La posibilidad de permanecer en el anonimato es una ellas, y con ello se evitaría ser perseguido (Es como un graffiti versión digital). Pero otra puede ser el alcance del mensaje que se quiere transmitir, así como la rapidez de transmisión, algo que no es fácil de conseguir en una protesta normal, en especial cuando tienes que esperar que llegue una cámara de TV, y sólo dependes de la "buena voluntad" del resto de los usuarios para retransmitir la información. Y si el objetivo de una protesta es crear conciencia sobre un tema, este es un buen modo de lograrlo.

Dicen que Anonymous es sólo un actor secundario de nuestro escenario, pero creo que juega a ambos papeles, puesto que son sus propuestas las que se toman en cuenta, y el impacto mediático que tienen es muy obvio. Sin embargo, al fin y al cabo, el personaje principal no es Anonymous, sino la población contra el poder instituido, ya sea este su gobierno o una empresa. En fin, no es una guerra, sino el despertar de una revolución social digital.

lunes, 9 de enero de 2012

SOPA es el indicio de que la industria del cine ha fallado en innovar


Traduje este texto del inglés porque me ha parecido muy bueno, y deseo compartirlo y que sea del conocimiento público. Este artículo fue publicado en The Atlantic por Steve Blank. Todos los datos y fuentes son suyas, y sólo me limité a traducir al español, incluso hay algunos asuntos con los que discrepo.
Esta controversial ley antipiratería gira alrededor de los estudios y demás corporaciones que hacen excusas por su atraso tecnológico al buscar ganancias al corto plazo.

El año pasado, la industria del cine alcanzó unas ganancias de 30.000 millones de dólares por ingresos en taquilla. Pero el total de ganancia de la industria fue de 87.000 millones de dólares. ¿De donde vienen esos 57.000 millones? De fuentes que los estudios una vez alegaron que los sacarían del negocio: TV Pay-per-view, Cable y satélite, renta de películas, venta de DVD, suscripciones en línea y descargas digitales.

El negocio de la música y el cine se ha equivocado constantemente al proclamar que las nuevas plataformas y canales los dejarían en quiebra. En cada caso, la nueva tecnología ha producido un mercado mucho más grande que el que existía previamente.

Años:
- 1920: El negocio de las grabaciones se quejó por la radio. El argumento era que la radio, al ser gratis, era imposible de competir. Nadie iba a volver a comprar música.
- 1940: los estudios de cine tuvieron que desprenderse de su canal de distribución -ellos poseían más del 50% de los teatros de cine de los EE.UU.. "Todo ha terminado", arguyeron los estudios. De hecho, el número de pantallas de cine aumentó de 17.000 a 38.000 hasta el día de hoy.
- 1950: la televisión era gratis; la amenaza era la televisión por cable. Los estudios argumentaron que la TV gratis no podía competir con la paga.
- 1970: Los Video Cassette Recorders (VCR) iban a ser el fin del negocio de las películas. Ellos, junto a la Agencia Cinematográfica de EE.UU. pelearon contra ellos utilizando la hipérbole del "fin de los tiempos". ¿La realidad? Después de que se introdujo los VCR, las ganancias de los estudios se dispararon. Con un nuevo canal de distribución, la renta de películas superó la venta de taquillas en los teatros del cine.
- 1998: La Agencia Cinematográfica de EE.UU. logró que se aplicara la Digital Millenium Copyright Act (DMCA), que haría ilegal si haces una copia de un DVD que hayas comprado.
- 2000: Digital Video Recorders (DVR) como el TiVo, que permitían a los consumidores saltarse los comerciales, iban a ser el fin de TV. Sin embargo, DVR reinició el interés en la TV.
- 2006: Las radiodifusoras demandaron a Cablevisión (y perdieron) para prevenir que ofrezcan un DVR basado en "la nube" a sus clientes.
Hoy: el Internet va a sacar a los estudios del negocio. ¿Les suena familiar?

¿Por qué la industria del cine se ha equivocado tantas veces? ¿Y por qué insisten en luchar contra la nueva tecnología?

LA FALTA DE INNOVACIÓN Y REGULACIÓN
La industria del cine nació con una norma técnica única: la película de 35mm, y por décadas tuvo un sólo modo de distribuir su contenido: los teatros de cine (que hasta 1948 los estudios poseían). Fueron 75 años hasta que los estudios tuvieron que lidiar con los cambios de tecnología que afectaban sus plataformas y canales de distribución. Y cuando ocurrió (cable, VCR, DVD, DVR, la internet), fue un ataque implacable. Los estudios respondieron intentando anular cualquier tecnología y/o canal de distribución mediante leyes y juicios.

¿Pero por qué creen que la solución es por las leyes y en Washington?
Historia y éxitos.
En los años 20 algunos estados empezaron a censurar películas y el gobierno federal amenazaba con hacerlo también. Los estudios establecieron autocensura y un sistema de clasificación que mantuvo afuera los temas políticos y sexuales en la pantalla por 40 años. Nunca más queriendo estar del lado perdedor de una batalla política, ellos crearon la Agencia Cinematográfica de EE.UU.

Para los años 60, la Agencia Cinematográfica logró una captura de regulador (donde una/s empresas dominantes controlan a las agencias gubernamentales que se suponen deben regularlas) cuando contrataron a Jack Valenti, quien dirigió los esfuerzos del lobby por los siguentes 38 años. Irónicamente, fue la coja habilidad de Valenti en impulsar la innovación competitiva la que negó la necesidad de que los estudios desarrollaran agilidad, visión y liderazgo tecnológico.

La introducción de nueva tecnología siempre rompe con el mercado existente, particularmente con los propietarios de contenidos que venden a través de los canales ya establecidos. Los argumentos suelen tener metas a corto plazo, y por lo general fallan en reconocer que puede hacerse más dinero en estas nuevas plataformas y canales de distribución.

En una industria que se enfrenta a constantes cambios tecnológicos, los ejecutivos y las juntas de los estudios tienen abogados, especialistas y gerentes financieros, pero no tienen la habilidad para manejar estos cambios. Por lo tanto confían en hacer lobby ($110 millones al año), demandas, campañas electorales (¿Me pregunto por qué el presidente no vetará la SOPA) y relaciones públicas.

Irónicamente, los 6 grandes estudios cinematográficos tienen laboratorios tecnológicos en Silicon Valley, con proyectos en derechos de transmisión, Video On Demand, Ultraviolet, etc. Pero al carecer del apoyo de los ejecutivos o las juntas, estos laboratorios quedan olvidados en la estrategias de los estudios. En lugar de liderar con una nueva tecnología, los estudios lideran con demandas, leyes y lobbying. (Imagina si esos $110 millones fueran a la innovación de tecnología)

LA GRAN MENTIRA DE LA PIRATERÍA
Uno de los argumentos de los estudios es que necesitan la ley para detener la piratería. La realidad es que la piratería se encuentra en todos los tipos de comercio. Los videojuegos y software han sido un objetivo constante desde su introducción. Las tiendas de comestibles y al por menor lo llaman eufemísticamente "contracción". Las compañias de crédito lo llaman fraude. Pero ninguna usa regulaciones tan a menudo como los estudios de cine para resolver un problema de negocios. Y ninguna está tan dispuesta a hacer un daño colateral a otras innovadoras industrias (VCR, DVR, subida de archivos y ahora la Internet misma).

Los estudios ni siquiera pretenden que esta legislación beneficie al consumidor. Todo es por proteger las ganancias a corto plazo.

Cuando son abogados y gerentes financieron los que manejan tu industria y tus grupos de presión son ex-senadores, comprender la tecnología y la innovación no es una de tus capacidades básicas.

La ley SOPA (y el bloqueo de DNS) es lo que pasa cuando alguien con un título de "antipiratería" o un abogado de derechos de autor tiene más influencia que una persona con conocimientos tecnológicos. SOPA le da a las corporaciones un poder sin precedentes para censurar cualquier sitio en la Internet. Es como si alguien robara en tu tienda, y el gobierno te la cerrara por infringir SOPA.

La historia ha demostrado que el tiempo y las fuerzas del mercado proveen equilibrio a los balances de intereses, ya sea que la nueva tecnología sea una grabadora de video, una computadora personal, un reproductor de MP3 y ahora la web. Es prudente que las cortes y el congreso tengan precaución antes reestructurar las teorías de confiabilidad con el propósito de dirigirse a un abuso de mercado específico, a pesar de su aparente magnitud.

Lo que la industria de la música y cine deberían hacer en Washington es promover leyes que adapten las tecnologías a las leyes de copyright, y después liderar la transición hacia nuevas plataformas.

El gobierno de EE.UU. ha liderado la iniciativa de un Internet libre alrededor del mundo. La Secretaria de Estado, Hillary Clinton, afirmó: "...Cuando las ideas son bloqueadas, la información borrada, conversaciones ahogadas, y la gente constreñida a pocas opciones, la Internet se disminuye para todos nosotros".

Que mal que el líder de la Agencia Cinematográfica -un ex senador- se halla burlado de sus palabras al preguntarse: "¿Por qué nuestra censura no puede ser como la de China?"

Nos preguntamos: ¿Por qué la industria cinematográfica no puede innovar como Silicon Valley?

ARTÍCULO ORIGINAL (en inglés) por aquí